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La reología es la especialidad de la física que estudia la deformación y el fluir de la materia o, más precisamente, los fluidos. El concepto fue introducido por el científico estadounidense Eugene Cook Bingham (1878–1945) en la primera mitad del siglo XX.

Reología del arte

El estudio de la reología es interdisciplinario. Más allá de que, en general, se tome como objeto la materia física, también pueden ser analizadas cuestiones más abstractas como el fluir del tiempo o de las palabras. En este caso, referiremos al autor Boris Groys al hablar de la reología del arte. Groys explica que el propósito original del arte era "detener el fluir del tiempo", pero que eso fue cambiando a la par del contexto histórico, social y económico.

Arte de la edad moderna

Para explicar de qué manera operaba la reología del arte en la edad moderna, se toman como referencia los principios y valores reflejados en los museos de arte de esa época.

«A través del arte, el hombre moderno tenía la posibilidad de abandonar, al menos por un momento, el flujo de la 'vita activa' y dedicarle algo de su tiempo a la apreciación de imágenes que habían sido contempladas por generaciones de hombres antes de que él naciera y que lo seguirían siendo por las generaciones futuras luego de que él muriera»[1]

De esta manera, el arte de la edad moderna no reflejaba el flujo real de las cosas, sino que intentaba mostrar un ideal de conservación eterna o, por lo menos, duradera.

Arte contemporáneo

Por su parte, los museos de arte contemporáneo reflejan el flujo del tiempo como es dado naturalmente, efímero. "El museo ha dejado de ser el lugar para una colección permanente y se ha vuelto el escenario de diversos proyectos curatoriales, tours guiados, proyecciones, conferencias, performances, etc."[2]. De esta manera, el arte contemporáneo imita el carácter pasajero de las cosas que habitan en el presente y, a su vez, también reproduce el futuro en el que estas cosas desaparecerán.

«Esta imitación del futuro no puede producir obras; produce, en cambio, eventos artísticos, performances, exhibiciones temporarias que demuestran el carácter transitorio del orden presente de las cosas y de las reglas que gobiernan la conducta social contemporánea. La imitación anticipada del futuro puede manifestarse solo como un acontecimiento y no como una cosa»[3]

Arte contemporáneo e Internet

El arte contemporáneo, entonces, se caracteriza por la producción de acontecimientos, los cuales no pueden ser preservados y contemplados como se hacía con las obras de arte tradicional, pero sí pueden ser documentados, narrados y comentados. "El arte tradicional produce objetos de arte; el arte contemporáneo produce información sobre acontecimientos de arte"[4]. Esto último sugiere una semejanza entre el arte contemporáneo e Internet. Sin embargo, en cuanto a la reología, hay una diferencia esencial. Mientras que el arte contemporáneo refleja el flujo natural del tiempo, Internet da lugar a la posibilidad de retorno, es decir, permite que el tiempo fluya en sentido inverso. Esto es así debido a que "cada operación en Internet puede ser rastreada, y la información puede recuperarse y reproducirse"[5].

Ejemplos sonoros

En el ámbito del arte sonoro, también pueden encontrarse obras que son en realidad acontecimientos, sumergidos en el flujo transitorio del tiempo. A continuación se exponen algunos ejemplos.

Vibroticon

Instalación sonora robótica. Realizada por Miguel Grassi y Juan Ford. UNTREF. "Vibroticon" es capaz de percibir la atención que los espectadores le dedican, desarrollando un estado emocional que expresa en forma sonora.


Diálogos Geológicos

Performance Sonora (versión resumida). Realizada por Gabriela Munguia y Paloma Marquez, generando sonidos experimentales con obras que involucran minerales y tecnología. Casona de los Olivera, Buenos Aires.


19'52” - 4'33”

Instalación sonora (síntesis). Proyecto interdisciplinario de investigación y creación sonora y escénica. Realizada por Santiago Villalba (compositor) y Carolina Piola (dramaturga y directora de escena). Se trata de una producción articulada en torno al concepto de “paisaje sonoro”, el montaje y el uso de instrumentos, tecnologías y recursos con aplicaciones no convencionales y cuyo disparador es el ejercicio de “reescritura” de la emblemática 4’33” de John Cage, estrenada en Nueva York el 29 de agosto de 1952, como si hubiera sucedido en Buenos Aires.


Referencias

  1. Boris Groys, Arte en flujo, (Caja Negra Editora, 2016), pág. 11.
  2. IDEM.
  3. Ibídem, pág 12.
  4. IDEM.
  5. Ibídem, pág 15.